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Los
aficionados al arte, descubren afinidades nostálgicas de los tiempos
de antaño, cuando la burguesía cubana asegurara huellas de estilos
y épocas en el Palacete de la calle 17 y E en el Vedado, antigua
residencia de los condes de Revilla de Camargo, hoy Museo de Artes
Decorativas.
Proyectado en París por los arquitectos franceses P. Virad y M.
Destugue, bajo la dirección del arquitecto cubano Alberto Camacho
y decorado asimismo por la casa Jansen, de la capital francesa -
donde el único material cubano utilizado en la construcción de esta
residencia fueron las maderas de las puertas y ventanas realizadas
en caoba tallada- la elegante sencillez de la fachada, de un clasicismo
reposado, es de una belleza vibrante, clara y enérgica.
Con un cuerpo central saliente, balcones y terrazas, arquitectura
practica y
funcional, testimonio fiel de cómo los constructores supieron incorporar
las curvas elegantes y pulidas a la estereometría de las claras
formas clásicas. El edificio de dos plantas, bellamente proporcionado
y estructurado con armonía (construido entre 1924 y 1927, se remodeló
en la década del 30 y fue sometido a restauración capital en 2003)
recoge parte de la historia de la burguesía cubana. Se ha restaurado
el interior, el vestíbulo, la fachada y ya terminado el edificio
habrá quedado prácticamente nuevo.
Se pudiera decir que es este uno de los más singulares museos
del continente americano, posiblemente único en América Latina y
además de su rica significación cultural e histórica, es un ámbito
para la contemplación visual.
El museo cuenta con 23 colecciones y cerca de 35 mil piezas en
su fondo, cuyo centro de gravedad por el momento, radica en el siglo
XVIII francés. Parte de los objetos que posee se nutrieron de las
colecciones de Revilla Camargo y Oscar B. Cintas, piezas que se
despliegan por las dos plantas que conforman el edificio.
La
exuberante riqueza artística que decora paredes y techos, la riqueza
del mobiliario debido a ebanistas de la talla del ingles Chippendale
o los franceses Boudin, Chevalier, Simoneau y otros y las finas
porcelanas de Sévres, Chantilly, Meissen, Limoges o las manufacturas
inglesas de Standforshire y Wedgwood, trasladan al visitante al
ámbito de la vida privada de los Gómez Mena, de los Cinta y otros
tantos que conforman los fondos de la institución.
Se ha creado aquí un micromundo propio de galantería, frivolidad
y de pura materialidad que poco tiene que ver con la realidad de
bulle afuera. Se oscila entre lo exquisito y lo monstruoso, lo afiligranado,
las chinerías tan de moda en el Rococó; sentimiento de gozar de
la vida con máxima intensidad, resumido en piezas de superficies
sensuales que reclaman caricias.
El recorrido del museo es circular se sale del edificio por donde
mismo se entra.
Luego de haber subido a la decorativa escalinata interior y dejado
atrás el claro vestíbulo y los dos grandes lienzos de Hubert Robert
se pueden apreciar los gobelinos del comedor sobre paredes recubiertas
por mármoles italianos, con mesa servida que tiene capacidad para
24 comensales y trofeos de bronce mercuriado con alegorías y atributos
del estilo regencia.
Once salas comprende el museo y sus maravillas no pueden agotarse
en solo una visita: la irradiación estética y la expresividad que
emana de estas colecciones se comunican al espectador. Letreros
colocados discretamente informan de las cualidades de la época y
otros detalles. aquí se ha utilizado con inteligencia la oportunidad
que les ofrece la arquitectura misma y ninguna pieza interfiere
a otra, dado que la serie sucesiva de las salas borra los ejes visuales
rectilíneos y fatigosos para el espectador, por
el contrario, las puertas están enfrentadas de tal manera que la
mirada se encuentra con ejes transversales y diagonales en los cuales
se han colocado muebles y vitrinas que parecen dialogar entre sí
por encima de las fronteras del tiempo y de las escuelas. Se personaliza
la historia, se hace posible una exposición concentrada de obras
y estilos sin marcha en fila india de los estilos y si a veces no
coinciden disposición espacial y contenido temático, la presentación
decorativa acaba por destacar momentos inolvidables de tiempos pasados.
El
tesoro que aquí se encuentra desde hace ya 40 años muestra, exhibidas
de forma permanente o que se les hace retornar, diversas etapas
del arte y la manufactura mundial. El museo es además un centro
de investigaciones y presta servicios de los que se benefician visitantes
extranjeros y nacionales. En este monumento al aire y las veleidades
de las formas clásicas exposiciones de artistas contemporáneos vivos
abren caminos hacia el disfrute del arte actual y a creadores que
potencialmente son los museables del futuro.
Visitantes de todo el mundo pueden disfrutar en este museo tan
especial de un tesoro de gran significación histórico-artística
que aumenta sus caudales con donativos, adquisiciones y transferencias
de forma muy selectiva y en el cual no es necesario una previa coordinación,
se llega a la puerta y se pide un guía... y sin más preámbulo tiene
a su alcance toda su historia y riqueza.
Dirección: calle 17 #502 e/ D y E Vedado
Abierto de martes a sábado de 11:00 a 18:00
domingos de 09:00 a 13:00
Lunes cerrado
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